Con el cierre del año escolar con sus exámenes, actividades y afán, muchos anticipan con aun más ganas las esperadas y anheladas vacaciones de verano. Para los estudiantes, es un tiempo codiciado libre de las tareas y trabajos habituales. Para padres es un tiempo para disfrutar de más tiempo en familia. Pero para cualquier persona en cualquier circunstancia de la vida, sea por vacaciones o por el cambio de ritmo en general, el verano suele proveer una oportunidad para el descanso en algún momento. Pero seas padre, estudiante, casado o soltero, empleado o jubilado, como creyente tienes una gran oportunidad para aprovechar bien estos meses de verano para la gloria de Dios (Efesios 4:15-16). Sin embargo, como en cualquier área, necesitamos ser guiados por las Escrituras, incluso en la manera de aprovechar este verano. Considera los siguientes principios.
1. Descansa sabiamente
Cuando Dios creó el mundo y nos dio Su buen “mandato cultural” (Genesis 1:26-28) y el trabajo implícito en ello, también estableció un patrón para el descanso basado en Su propio descanso de Su labor (Genesis 2:1-3). Tal como Dios trabajó y descansó, Él ha creado al hombre para trabajar, pero también para descansar. Una implicación inmediata de esta verdad es que, al tener momentos de descanso este verano, debemos reconocerlos como un regalo de Dios (Salmos 127:2). Debemos darle gracias, entendiendo que es Él quien nos otorga este descanso para ser usado para Su gloria.
Pero también hemos de usar el descanso sabiamente, recordando que fue diseñado por Dios para servir un doble propósito. Primero, provee descanso del cuerpo y mente. Charles Spurgeon nos recuerda de la importancia de este descanso, diciendo: “el arco no se puede tensar siempre sin temor de que se rompa.”[1] El descanso físico y mental es vital para seres creados y finitos, y el verano provee oportunidad. Debemos cuidarnos de llenarlo con actividad frenética y pantallas. Al contrario, dejemos espacio y tiempo para refrescar el cuerpo y recrear la mente en la creación de Dios este verano.
Pero, por otro lado, este descanso diseñado por Dios también existe para profundizar nuestra comunión con Él y pasar tiempo enfocado en Él. Y el descanso de las vacaciones no es distinto. El verano provee más oportunidad para descansar nuestra alma en el Señor (Mateo 11:28), fortalecer nuestro corazón en Su gracia (2 Timoteo 2:1), y buscar gozo en mayor comunión con Él (Filipenses 3:7-12). Podemos hacerlo por apartar tiempos especiales en oración o estudio profundo de un libro de la Biblia, o la lectura de otro libro Cristiano fiable.
Pero el provecho espiritual del verano no es solo individual. Con un horario más flexible puedes apuntar a las personas alrededor a este Dios que adoramos. Guía a tu familia en un tiempo devocional familiar antes de irte a la playa. Pasa tiempo orando con tu esposa al salir al parque a caminar. Invita a hermanos de la iglesia para una comida y sé intencional hablándoles de Cristo y las Escrituras.
Pero también, debemos tener cuidado. Las vacaciones requieren sabiduría, porque, aunque otorgan una oportunidad para crecimiento espiritual, con demasiada frecuencia presentan una amenaza a nuestra vida espiritual. Entre cambios de rutinas y horarios distintos, es fácil dejar los hábitos de estudio bíblico y oración que has desarrollado durante el año. En nombre del “relax” podemos encontrarnos en situaciones y exponernos a contenido que no honran a Dios ni avanzan Su reino. El descanso es una bendición de Dios. Pero hemos de hacerlo sabiamente, aprovechando el tiempo para recreación y crecimiento espiritual y evitando cualquier influencia o acción pecaminosa.
2. Trabaja diligentemente
Al tiempo que el verano provee una oportunidad para descanso sabio de nuestra labor habitual, también abre puerta amplia para uno de los pecados “respetables” que con sutilidad se disfraza con el título de “descanso” y fructifica cuando hay menos presión que en el resto del año. Este pecado es ningún otro que la pereza.
Muy pocos comienzan su verano considerando cómo malgastarlo o desperdiciarlo. Hacemos metas a cumplir y soñamos de actividades a llevar a cabo. Pero si no tenemos cuidado, la pereza fácilmente puede consumir las oportunidades para llevar a cabo estos propósitos. Proverbios 13:4 advierte de esta realidad, diciendo: “El alma del perezoso desea, pero nada consigue, más el alma de los diligentes queda satisfecha”. La sabiduría de Dios en este versículo nos advierte de cómo la pereza puede arruinar tus buenas intenciones este verano. Puedes desear pasar tiempo enfocado en tus hijos, en tu crecimiento espiritual, o incluso en ponerte al día con esos proyectos en casa que requieren tu atención desde hace 5 años. Pero si no prestamos atención a la sabiduría bíblica, cuidándonos de la pereza disfrazada de descanso, podemos llegar al fin de este tiempo “libre” dándonos cuenta de que fuimos esclavizados por la ociosidad. Podemos encontrar que por fin hemos tenido tiempo que hemos lamentado no tener para un tiempo serio devocional en el resto del año, pero por la pereza no lo hemos usado para crecer espiritualmente, ni para invertir en la vida espiritual de nuestros hijos, ni para cumplir los trabajos que ahora se van acumulando. Y pronto vendrá septiembre, y otra vez seremos faltos de tiempo. Como dice Proverbios 13:4, por causa de la pereza, podemos fácilmente llegar al fin del verano habiendo deseado, pero consiguiendo nada.
Como creyentes en el Señor, debemos evitar este pecado y error. Debemos trabajar diligentemente para avanzar en el Señor aun en medio de tiempos de descanso. Debemos recordar que la Palabra de Dios es nuestro alimento espiritual (Mateo 4:4), y que hacer Su voluntad es nuestra comida (Juan 4:45). No importa si estemos en la playa o en la rutina diaria, trabajemos para mantener esta prioridad y modelarla a las personas alrededor. Sea organizando un viaje o por fin pintando el piso, seamos buenos mayordomos del tiempo y recursos que el Señor nos ha dado. Hagamos planes para crecer espiritualmente, buscando ser obedientes a nuestro Señor.
Conclusión
Las vacaciones de verano nos proporcionan una oportunidad de aprovechar sabiamente el descanso que el Señor nos ha dado, pero también de trabajar diligentemente en glorificarle en nuestra práctica de ese descanso. La pregunta es, ¿cómo usarás tú este verano?
[1] Spurgeon, C.H., Lectures to my students. Volume 1, Lecture 11: “The Minister’s Fainting Fits”.