En cada civilización ha habido alguna historia y/o tradición de cómo se ha formado el universo. Algunos de esos mitos describen dioses que se cortan un pie como cebo para incitar a una tierra voraz a salir del caos del mar donde moraba, con el fin de ser atrapado y llenado de vida. Otros describen a un dios desmembrado, cuyo cuerpo despedazado se convierte en sol y luna, tierra y personas. También los hay que describen una batalla cósmica entre dioses resultado de la cual nace el cielo, la tierra y la humanidad. Y así un sinfín más de ellas…
Con tantas leyendas flotando en el ambiente no debe sorprendernos que, para el mundo incrédulo, el relato bíblico de los orígenes del Universo en Génesis del 1 al 11 sea solo otro mito más. Tampoco debe sorprendernos que teólogos liberales como Bultmann y Barth, que rechazaron la inerrancia de las Escrituras y la historicidad y literalidad de los eventos de los evangelios (¡incluso la resurrección!) denominaran Génesis 1 al 11 como “mito” y “leyenda”. Pero lo que si sorprende es cuando este error de que el relato de Génesis 1 al 11 sobre los orígenes es solo un mito se encuentra dentro de la Iglesia de Cristo. Cuando personas que sostienen la inspiración de las Escrituras (2 Timoteo 3:16), a la misma vez niegan la veracidad de los primeros capítulos de esa misma Escritura.
Los síntomas
La mitologización de Génesis del 1 al 11 se presenta en la iglesia de Cristo de múltiples maneras, pero todas tienen su raíz en el rechazo de una interpretación literal de estos capítulos. En particular, se niega que el universo fue creado en seis días literales, que Adán y Eva fuesen personas reales, que el primer pecado ocurrió tal y como se describe, o que el diluvio cubrió y destruyó toda la tierra (entre otros).
Este rechazo de una interpretación literal ha estado infiltrando iglesias y centros de educación cristiana desde que la teoría de la evolución comenzó a ser aceptada por el mundo secular como realidad científica. Ya que el concepto de un proceso de evolución durante miles de millones de años no cuadra en absoluto con una interpretación literal de Génesis del 1 al 3 y la creación en seis días literales.
Pero enfrentados con este ataque contra la literalidad y veracidad de las Escrituras, en lugar de aferrarse a la autoridad e inerrancia de las Escrituras, muchos comenzaron a buscar maneras de cuadrar el texto bíblico con la teoría científica. En lugar de someterse a la Palabra de Dios y a la interpretación literal del Génesis que se había sostenido a lo largo de la historia de la iglesia, sometieron la Palabra de Dios a la razón humana, inventando y aceptando explicaciones que intentan sintetizar Génesis del 1 al 11 con el posicionamiento ateo de la evolución.
La principal estrategia para salir del paso entre los evangélicos evolucionistas ha sido descolgar los primeros 11 capítulos del resto del libro de Génesis–y del resto de la Biblia– al declarar que esta sección forma una unidad que, a diferencia de las demás partes del libro, no se compone de historia, sino de poesía, o “narrativa semi-poética”. Esta denominación del texto como literatura poética les permite distorsionar el significado claro del texto para acomodarlo sus presuposiciones. Así que, en lugar de encontrarnos ante la revelación del testimonio “ocular” de Dios acerca de los eventos históricos de la creación del mundo, proponen la idea de que estos capítulos se componen de lenguaje figurado y poético que pretende comunicar una única verdad teológica: Dios creó. Esta concesión les “permite” sostener una creación divina que cuadra con la teoría de la evolución (evolución teísta) en la que esos días de la creación pudieran ser miles de millones de años. Ya que es historia “teologizada”, no tenemos que creer que Adán y Eva son personas reales, ni que hubo una “caída” literal. Y ya que es lenguaje poético, no tenemos que hablar de un diluvio global, sino una destrucción más parecida a una inundación. Terrible, sí, pero de carácter local, solamente en Mesopotamia.
Las secuelas
Estas concesiones ante el liberalismo y la consideración de los primeros once capítulos del Génesis como literatura poética y no historia literal han tenido suponen consecuencias serias para los cristianos que proponen estas doctrinas erradas:
- Hacen de Dios un mentiroso. En Éxodo 20, Dios comunica los 10 mandamientos, y proclama en el versículo 11 que el fundamento para el día de reposo es “Porque en seis días hizo Yahweh los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día…” Si los días eran en realidad edades de millones de años, ¡Dios es un mentiroso!
- Hacen de Jesucristo un mentiroso. En Mateo 19:4-5, Jesús cita Génesis 1-2, para mostrar la realidad de que “desde el principio (Dios) los hizo varón y hembra”. Si el ser humano evolucionó durante miles de millones de años, Dios no los hizo desde el principio.
- Hacen de los apóstoles mentirosos. Pablo enseña la literalidad Génesis del 1 al 3 en 1 Timoteo 2:13-14, al confirmar que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos creados, y que los acontecimientos de la caída en Génesis 3 realmente ocurrieron. En 2 Pedro 3, el apóstol proclama también la literalidad de Génesis del 6 al 10, así como el diluvio mundial, diciendo que “el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua.” Además, si “toda Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16), pero Génesis no es historia literal, Dios ha mentido otra vez por medio de sus apóstoles.
- Niegan que la muerte es resultado del pecado como se declara tan claramente en Romanos 5:12: “el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado”. Pablo afirma la historicidad de Adán en los versículos 12-21, excluyendo cualquier tipo de proceso evolucionista que requiere la muerte de muchos, incluso millones de años antes de Adán y Eva.
- Al negar la historicidad y literalidad de Genesis 3, niegan la literalidad de la promesa de un Salvador que obtendría victoria al traer salvación allí donde Adán fracasó (Génesis 3:15)
La solución
Ante la tentación de sucumbir a la presión de una sociedad como la nuestra, que niega el relato bíblico de la creación del mundo y los orígenes de todas las cosas, la Iglesia no tiene ni debe hacer concesiones con la Palabra de Dios, distorsionándola y jugando con ella como tantos han hecho para acomodarla a sus creencias. Al contrario, podemos afirmar la historicidad y literalidad de Génesis del 1 al 11 porque al estudiar cuidadosamente el libro de Génesis se ve con claridad que fue concebido y escrito como historia. Estos capítulos ni siquiera incluyen los rasgos característicos de la poesía hebrea (paralelismo sinónimo, antitético y sintético). Al mismo tiempo, el libro se presenta como una unidad por su estructura y temas unificados, trazando las “generaciones” (los famosos “toledoth”) que se ven no solo en Génesis del 1 al 11 (véase 2:4, 5:1, 6:9, 10:1, 11:10, 11:27) sino en todo el libro (cf. 25:12, 25:19, 36:1, 37:2), mostrando el linaje de lo cual vendría a ser la simiente de la mujer (Génesis 3:15) que traería salvación a la humanidad. Pero, sobre todo, como Iglesia del Señor Jesucristo, podemos afirmar la historicidad y literalidad de Génesis del 1 al 11 sin reservas ni acomodos, porque nuestro Señor y sus Apóstoles así lo afirmaron en el Nuevo Testamento.
No cedamos un centímetro, ni hagamos la más mínima de las concesiones ante las teorías y presiones de un mundo que se rebela contra Dios y quiere hacer de Su Palabra otro mito entre todos los demás. Como Iglesia del Dios vivo, seamos columna y sostén de la verdad (1 Timoteo 3:15), luchando unánimemente por la fe una vez entregada a los santos (Judas 3)—incluso la de Génesis del 1 al 11.